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Alfonso Simón Muñoz nos escribe sobre María-Iglesia en Lc 2,34-35.

 


 

INTRODUCCIÓN

Hablar de María como «la nueva Eva» suele considerarse por los estudiosos del NT, tanto teólogos como los mismos exegetas, una reflexión tardía, ya de la época patrística, pero en el texto sagrado de evangelios, cartas paulinas y demás libros del NT —se dice— es aún muy incipiente la consideración de la importancia de María para la teología y la vida de la Iglesia. Es habitual citar Gál 4,4, donde san Pablo define así a Jesús: «…nacido de mujer, nacido bajo la Ley», como la primera alusión a María en el NT. En realidad, no puede afirmarse con certeza que sea la primera, ni tan siquiera que lo sea, pues lo es en particular al mismo Jesús, si bien, lógicamente, no ignora que es María esa «mujer», la madre de la que nace Jesús. Lo que indica el Apóstol son las dos condiciones necesarias para que el Hijo de Dios pudiera redimirnos muriendo en la cruz: tener un cuerpo mortal («nacido de mujer») y poder ser juzgado y condenado («nacido bajo la Ley»). Y, aun concediendo que hay una cierta alusión a la madre de Jesús, no puede considerarse la primera en el NT, incluso suponiendo la datación más antigua que proponen los estudiosos para Gál1, pues las referencias a María en Lc 1-2, que suelen considerar como la etapa más evolucionada de la mariología del NT, en verdad, como se podrá comprobar en estas páginas, se remontan a una tradición anterior al texto griego de Lc que nos ha llegado, claramente dependiente de un original semítico anterior sin duda al año 50.

Respecto a la mariología del NT, los autores especializados en el tema ofrecen a menudo esquemas preconcebidos, introduciendo en los textos sagrados preocupaciones totalmente ajenas a ellos, pues establecen en el pensamiento neotestamentario una supuesta evolución que no corresponde a la verdad de los testimonios de la historia. Sirva de ejemplo el siguiente esquema que ofrece J. M. Alonso, bastante representativo de un sentir muy generalizado. Habla este autor de un primer estadio, que tenemos en Mc, donde «la Virgen apenas es considerada más que como entrando en el contexto de relaciones familiares, normales y vulgares, de Cristo». En esta primera etapa, «la persona de María no ha entrado todavía en una “reflexión cristiana”». La segunda etapa, que podría llamarse «polémica» y que estaría representada por Mt 1-2 y el texto aislado de san Pablo, Gál 4,4, «trata sobre todo de vindicar la mesianidad del Cristo anunciado por los profetas», particularmente con referencia a la concepción virginal vaticinada en Is 7,14. Mas el interés por María es aún secundario. La tercera y última etapa sería la «representada por Lucas y Juan», los cuales ofrecen una auténtica «re-elaboración teológica». Y para llegar a este punto en que María no aparece solo en funciones «cristológicas», sino con un «carácter personal muy acusado», ha hecho falta «un proceso natural y lento»...

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